Las horas resbalan por las paredes de mi habitación. Yo me he recluido para no verte más, para no pensar en ti, para no liberar este amor que me hace tanto daño. He decidido que no quiero comprar tu sonrisa aun sabiendo que no la podría conseguir de otra forma. Admito, de una vez por todas, que la máquina de café ya no funciona, y no hay diosa ni ninfa que acabe con mi ansiedad.
Pasa el tiempo y yo, que ya no soy más que una sombra de la adolescente que alguna vez fui y no quise ser, me dejo llevar por un mundo que es más tuyo que mío, por unos pasillos que sólo me conducen a tu nombre, una y otra vez. Y no importa que intente huir por la puerta de atrás, porque tu recuerdo estará allí para atraparme.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada